En los últimos días se habla mucho del significado de las palabras, de su valor y de lo importante que es definir adecuadamente un concepto, una situación o un sentimiento. Esto viene a cuento de lo que la ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad Ana Mato declaró referente al penúltimo asesinato por violencia machista al que calificó como "violencia en el entorno familiar". Cuando las críticas en las redes sociales, sobre todo en twitter, arreciaron, Mato no sólo no rectificó, sino que aseguró que daba "igual el nombre", que la terminología a la hora de designar el hecho es "lo menos importante" porque lo que quiere el gobierno es "tolerancia cero contra todo tipo de actuación contra cualquier mujer, contra cualquier persona en el ámbito doméstico, en el ámbito de violencia de género o como se quiera llamar".
A estas alturas de la película nadie cree en la inocencia de las palabras de la señora ministra. Más aún cuando el partido al que pertenece viene predicando todo lo contrario en otros temas, por ejemplo el matrimonio homosexual. Desde hace meses el PP repite por activa y por pasiva que tiene recurrida la ley entre personas del mismo sexo sólo porque se utiliza la palabra "matrimonio", y si en su lugar se utilizara "unión" no habría ningún problema.




